LA FAMILIA

¡Hola a todos! Hoy es el día de la madre y espero que todos y todas estéis disfrutándolo con vuestros seres queridos. 

Por mi parte, me gustaría aprovechar este día para hablar del papel de la familia en nuestras vidas y, por supuesto, en educación. Tal vez esta entrada sea algo más personal, pero creo que un día como hoy lo requiere. 

En estos meses hemos aprendido que la familia es un agente determinante en educación, que como docentes siempre debemos tener en cuenta el criterio de los padres y que, muchas veces, esto no será tarea fácil. 

La familia es el primer nivel educativo en el que nos adentramos y nuestra primera fuente de socialización. La familia aporta los valores, hábitos y creencias que condicionan todo el aprendizaje posterior. En mi caso, quiero dedicar esta entrada a mi familia: mi madre, mi padre y mi hermano. 

Gracias a ellos soy la persona en la que me he convertido y es a ellos a quien les debo cada paso que doy y cada logro que obtengo. Seguro que todos nosotros somos conscientes de cuánto tenemos que agradecer a nuestra familia y lo poco que lo hacemos. 

De mi padre he aprendido que el amor puede no tener límites. Él siempre tiene tiempo para dedicarme, él siempre está dispuesto a escucharme, él siempre ha sabido lo que me pasa con tan solo mirarme. Él me ha enseñado a soñar en grande, a trabajar en mis metas, a no rendirme y, por supuesto, siempre ha estado para levantarme. Es mi padre y mi mejor amigo, la persona a la que le puedo contar todo y nunca me va a juzgar. 

De mi hermano he aprendido que los abrazos son la mejor medicina. Con él las palabras no son necesarias porque me conoce más que yo misma. Mi hermano es la descripción más evidente de lo que es sentirte en casa, incluso si estoy lejos de mi hogar. Él y yo somos la prueba de que los polos opuestos son totalmente compatibles y él es la razón por la que tengo una concepción tan maravillosa de la vida. Es mi persona favorita. 

De mi madre he aprendido que no hemos venido a este mundo a perder el tiempo dedicándole energía a cosas que no merecen nuestra atención. Desgraciadamente ella no está presente, pero os aseguro que me acompaña cada día de mi vida y la siento en cada cosa buena que me sucede. Por suerte, antes de irse se encargó de recordarme cada día que puedo conseguir todo aquello que me proponga. 

Es por ellos por lo que he acabado en esta carrera. Es por ellos por lo que estoy tan agradecida de que mi primer nivel educativo se haya basado siempre en el amor. Y estoy segura de que vosotros también sois conscientes de la influencia de vuestra familia en todos vuestros logros. 

Y es precisamente aquí donde, como futuros docentes, creo que debemos reflexionar. 

Detrás de cada niño y cada niña hay una familia, una historia, unos valores y unas vivencias que ya habrán empezado a moldear quiénes son para cuando aparezcamos como profesores. 

La escuela es una continuación y muchas veces un contraste de lo que se vive en casa. Por ello, entender el papel de la familia es imprescindible. 

No todos los alumnos crecen en entornos donde el apoyo, el cariño o la estabilidad están garantizados. Y es ahí donde nuestra labor como docentes adquiere aún más sentido. Porque educar no se reduce a transmitir contenidos, sino también requiere acompañar, comprender y, en cierta manera, tratar de compensar desigualdades.  Vídeo: 6 niños nos contaron lo que piensan de sus papás

Por supuesto no se trata de sustituir a la familia. Ambos agentes escuela-familia tienen roles diferentes y es necesaria la coordinación de esa responsabilidad compartida. Aunque esa relación no siempre sea sencilla, ese diálogo es lo que realmente permite construir una educación completa. 

Quizá por eso hoy, más que nunca, entiendo que educar también implica mirar más allá del aula. Implica escuchar, respetar y trabajar junto a esas familias. 

Os recomiendo el monólogo de Carles Capdevila, El papel del padre en la educación de los hijos, que no es una charla teórica, sino una reflexión muy transparente y cómica sobre lo que significa ser padre y educar. Capdevila desmota la idea de una paternidad idílica y da el mensaje de que la educación real es imperfecta, pero auténtica. 

La familia es el lugar donde empieza todo. Donde aprendemos a mirar el mundo, a relacionarnos con los demás y a construir quiénes somos. La escuela tiene el deber y la responsabilidad de continuar ese camino y muchas veces de sostenerlo cuando las circunstancias no son favorables. 

Por eso, más allá de metodologías, teorías o currículos, educar implica entender a la persona en su totalidad. Implica mirar al alumno sabiendo que detrás hay una historia, unos vínculos y unas experiencias que no podemos ignorar.

¡Feliz día de la madre a todas vuestras mamis!




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